Una escultura del italiano se vende por 43 millones de euros en Christie’s París.

Nada menos que 43.185.000 euros (52.685.700 dólares) pagó un comprador anónimo el pasado día 14 de junio en Christie’s París por la escultura en piedra calcárea –sólo esculpió una en mármol- Tête de caryatide
, de 64 cm de altura, de Amedeo Modigliani (1884-1920). Las pujas fueron saltando de uno a otro comprador desde una atractiva salida con estimación de cuatro a seis millones de euros hasta los 38,5 millones en que se cerró adjudicó la puja, con una cerrada ovación del público que había contemplado atónito la brutal escalada de precios.
De esta forma, se convierte en la obra de arte más cara vendida nunca antes en Francia y también en la pieza del artista más cara vendida en subasta, por encima de sus conocidas y buscadas pinturas, superando con creces los 31,3 millones de dólares pagados en Sotheby’s Nueva York en noviembre de 2004 por el retrato de su querida
Jeanne Hébuterne devant une porte (O/L, 129,5 x 81,5 cm), de 1919.
En el mercado, apenas aparecen obras de esta calidad. Las dos esculturas más caras vendidas hasta el momento fueron: Tête de femme au chignon (piedra arenisca, 1911-1912, 57 cm de altura) vendida en Phillips De Pury Nueva York en noviembre de 2001 por 3.500.000 dólares (más comisiones e impuestos); y más recientemente, en febrero de 2007, en Sotheby’s Londres, cuando
Tête (piedra, 1911-1912, 23,5 cm de altura) alcanzó el precio de 1.476.000 libras, doblando la estimación más baja.
Pero volvamos a la pieza subastada, realizada entre 1911-1912 y con ciertas resonancias en la escultura de Nefertiti y en la escultura africana que tanto conmocionara a los artistas del París de comienzo de siglo, incluido Picasso, que pertenecía a la colección de Gaston Lévy (1893-1977), y de éste ha pasado a sus herederos.
Desde luego, la escultura tenía una procedencia excepcional. Hagamos un poco de historia para conocer algo más.
Fue expuesta en 1911 en el taller parisino de Amedeo de Souza Cardoso, un artista portugués amigo de Modigliani, que vivía en el número 3, de la rue du Colonel Combes, a dos pasos del Quai d’Orsay y del Sena. El estudio, más grande que el del italiano, se prestaba a una muestra y allí se expusieron las esculturas, como confirman las fotografías que fueron encontradas entre los objetos de Cardoso y publicadas posteriormente por Jeanne Modigliani en Modigliani: Sans Légende. Las cinco esculturas, identificadas, son las siguientes: la de la colección Gaston Lévy, que se subastaba; dos en colecciones privadas (Ceroni XIII y XIV); la del Fogg Art Museum de l’Université d’Harvard, d’Emily Rauh Pulitzer y Joseph Pulitzer Jr. en Asociación con la Pulitzer Foundation for the Arts (Ceroni XV); y la del Minneapolis Institute of Arts (Ceroni XVI).
Esta Tête de la colección Lèvy fue presentada al Salón de los Autónomos de París, en 1912; una exposición famosa en la historia del arte por la sala dedicada a los cubistas y donde el célebre crítico y poeta Guillaume Apollinaire, comentó no sin ironía a propósito del status cubista en su primer artículo del 30 de septiembre: “Les cubistes, regroupés dans une salle sombre au fin fond de l’exposition rétrospective des portraits, ne sont plus ridiculisés comme ils l’étaient l’année dernière. Aujourd’hui, le sentiment qu’ils inspirent c’est la haine“.
Hay una fotografía de la sala, publicada en L’Illustration el 12 de octubre de 1912 donde se ve la escultura de Modigliani además de obras cubistas de Alexander Archipenko, Henri Le Fauconnier, Albert Gleizes, Frantisek Kupka, Fernand Léger, Jean Metzinger, Francis Picabia y Amedeo de Souza Cardoso.
El escultor Jacques Lipchitz escribió acerca de las obras de Modigliani expuestas en el Salón de los Autónomos y de la Tête de la colección Gaston Lévy: “La première fois que nous nous sommes rencontrés c’est quand Max Jacob m’a présenté Modigliani et que ce dernier m’a invité dans son atelier de la Cité Falguière. Il exécutait à ce moment-là une sculpture, et bien évidemment ce qu’il faisait m’intéressait au plus haut point. Lorsque je suis allé le voir dans son atelier – c’était au printemps ou en été – il travaillait dehors. Quelques têtes de pierre – cinq peut être – étaient à même le sol sur le ciment de la cour devant son atelier. Il procédait à des finitions, allant de l’une à l’autre. Je le vois encore comme si c’était aujourd’hui, penché sur les têtes tout en m’expliquant qu’ils les avaient toutes conçues comme un seul ensemble. Je crois que ces têtes ont été exposées un peu plus tard cette même année au Salon d’Automne, disposées par palier un peu comme des tuyaux d’orgue pour émettre cette musique spéciale qu’il souhaitait” (J. Lipchitz, Amedeo Modigliani, Nueva York, 1952, n.p.).
Poco tiempo después, nuestra Tête se expuso en Nueva York en la Modern Gallery, dirigida por Marius de Zayas y situada en el número 500 de la Quinta Avenida, del 8 al 22 de marzo de 1916 en el marco de una Exhibition of Sculpture.
Sin embargo, pasado el tiempo y tras esculpir con uno de sus grandes maestros y amigos, Constantin Brancusi, y descubrir el arte africano y camboyano en el Musée de l’Homme de París donde estaban los antecedentes de los ojos almendrados, las bocas pequeñas, las narices torcidas y los cuellos alargados, percibió que el polvo que desprendían los materiales era muy peligroso para su delicada salud, con problemas respiratorios derivados de la tuberculosis que arrastraba desde niño. Así que decidió abandonar la escultura definitivamente y dedicarse a la pintura. Pero esa es ya otra historia.
Publicado por Daniel Díaz el 16 de junio de 2010.