Sotheby’s Londres, conociendo perfectamente el interés del mercado internacional por obras del valenciano de verdadera calidad, ofrecerá un soberbio lienzo de su mano en su cita con la Pintura Europea del S. XIX del próximo 23 de mayo. Publicado por Daniel Díaz el 19 de marzo de 2013.

Pintado en el verano de 1916 por Joaquín Sorolla (1863-1923),
Niños en la playa (O/L, 70 x 100 cm), y procedente de la colección de Francisco Pons Sorolla, sale al mercado con una estimación de 1.800.000 a 2.500.000 libras esterlinas. El óleo muestra una escena de mar, con niños en el agua y sus típicos reflejos de sol en los cuerpos desnudos y mojados; en el primer plano, cargado de fuerza y un tanto sorprendentemente, la espalda de una niña vestida de azul, a contraluz, que sugiere el espacio y eleva el punto de vista para alargar el horizonte y poder así mostrar al fondo una barca y una escena de niños corriendo entre las olas.
La composición, no obstante, recuerda notablemente al casi mundialmente conocido
Chicos en la playa (O/L, 118 x 185 cm), del Museo del Prado, pintado en 1909, evolución formal del soberbio también Niños en la playa (O/L, 81 x 106 cm), de la Hispanic Society of America, New York, que había pintado poco antes, en 1908.
De hecho, en 1908 y 1909 Sorolla se interesó especialmente por los efectos lumínicos y acuáticos en cuerpos bañados por el agua, con escenas casi de primer plano, sin otros elementos que puedan distraer de lo esencial. Y así, con distintas composiciones pinta óleos como
Idilio en el mar, 1908 (O/L, 151 x 199 cm; Hispanic Society of America, New York), Al agua, 1908 (O/L, 81 x 106 cm; colección Bancaja), o los dos citados anteriormente ya en 1909.
Pasan los años y recibe el encargo de la Hispanic Society of America. En 1916, tras pintar Valencia. Las grupas y un retrato de Juan Ramón Jiménez para la Hispanic, se olvida del encargo de Huntington y pinta algunos de sus mejores cuadros de playa, entre los que destaca con voz propia
La bata rosa (O/L, 208 x 1226,5 cm); Museo Sorolla, Madrid) y el que sale ahora a pujas que recoge, indudablemente, la lección ya aprendida; pero no se limita a repetir la escena sino que, elevando el punto de mira amplía la visión y recoge otras escenas haciendo un todo más unitario.
Pintado directamente al natural, sin apuntes ni bocetos, como apunta la experta actual y bisnieta del artista, Blanca Pons-Sorolla: ‘El cuadro Niños en la playa está visto, entendido y reproducido como un todo, no existen estudios parciales
que desvirtúan la escena total. El color, la luz, la proporción de las figuras, la profundidad, la brisa, afectan por igual a toda la obra. Consigue algo tan difícil como reproducir la instantaneidad del momento en el que se desarrolla la escena que pinta, a la que se suma la carga emotiva que le produce contemplarla y trasladarla al lienzo‘.
Adrian Biddell, Director del Departamento de Pintura Europea del S. XIX, comentó: ‘Esta obra no sólo es exquisita, sino que tiene un excelente componente contemporáneo, además de una historia fascinante. Fue vendida por Justo Bou, el influyente marchante valenciano de la época, a la gran coleccionista y admiradora de Sorolla, María Bauzá de Rodríguez. Francisco Pons-Sorolla, nieto y máximo experto en la obra del artista, con excelente criterio la identifica como obra maestra y la adquiere a finales de los años 50‘. De hecho, cuando en 1963 se celebra el centenario del nacimiento del artista, Niños en la playa fue seleccionado para una edición conmemorativa de sellos
…
Como decíamos al inicio, la estimación de 1,8 a 2,5 millones de libras –la más alta de los últimos cuadros que han salido a la venta del valenciano- habla del posible récord que puede establecer, respondiendo a las demandas del mercado. Y así, se pagaron el pasado 20 de noviembre, muy lejos ya de la estimación de 1-1,5 millones de libras, 3.737.250 libras esterlinas (5.945.591 dólares; 4.652.881 euros) por
Pescadores valencianos, 1895 (O/L, 65 x 87 cm), récord en libras de Sorolla (leer artículo). Sutil y elegante, el lienzo destilaba una calidad absolutamente innegable con un estado de conservación perfecto. El actual, como hemos dicho, es más bien el fruto de toda su trayectoria, la experiencia hecha realidad con pocas pinceladas, pero absolutamente maestras: espectacular, por color y tamaño, la obra impone los efectos, su madurez. No obstante, su récord absoluto se produjo en noviembre de 2003, cuando
La hora del baño, 1904 (O/L, 84 x 119 cm) subió hasta los 6.266. 463 dólares, 3.701.600 libras de martillo (5.323.987 euros). En mayo sabremos si los coleccionistas prefieren la pieza sutil y delicada de los 32 años o ya la sabia y madura de la plenitud de sus 53 años. Publicado por Daniel Díaz.