Hay que destacar las ventas de Christie’s, pero también señalar las serias dificultades para el resto de los pintores en la capital de las islas británicas.

Publicado por Daniel Díaz el 14 de junio de 2012.
Desde luego, la subasta de Christie’s en Londres del pasado martes día 12 de pintura del siglo XIX donde se incluían piezas de arte oriental fue muy bien, con unas ventas por un valor absoluto de 5.071.100 libras. Y parte de la culpa del éxito –es de justicia reconocerlo-, la tuvieron Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923) y sus lienzos. Es más, se ha comprobado una vez más que es un pintor universal, buscado por un público cada vez más amplio y dispuesto a pagar cantidades importantes.
Pescadores. Barcas varadas, Valencia
(O/L, 48 x 56 cm), fechado en 1910 y dedicado ‘A S. M. el Rey Don Alfonso XIII’ el 23 de enero de 1912 nos habla de ello. Dado el tamaño y la temática, la estimación de 500.000 a 800.000 libras la calificamos en su día de ligeramente alta, fruto quizá de la impecable procedencia más que de la calidad de la misma. Y, una vez más, el mercado habló y superó con creces las estimaciones pues se adjudicó por 937.250 libras (1.159.378 euros; 1.448.989 dólares) a un coleccionista estadounidense. Siendo interesante este dato, creo que es más relevante el primero, el del precio alcanzado, que muestra la fuerza del valenciano en el mercado internacional.
A ello contribuye, sin duda, la segunda venta, la del
Pescador de quisquillas, Valencia un óleo de 57 x 78,5 cm pintado en 1908. Ya comentamos en nuestro artículo anterior lo curioso de la composición y cómo se había vuelto a componer para la exposición en los Estados Unidos. Comprada en Durán el 15 de diciembre de 1972 por tres millones y medio de las antiguas pesetas -al cambio directo hoy serían 21.000 euros-, salía a pujas con una estimación entre 400.000 y 600.000 libras. No subió mucho, pues el precio final con las comisiones y los impuestos fue de 481.250 libras (595.306 euros; 744.013 dólares), pero es interesante señalar que lo compró un coleccionista asiático, lo que nos lleva a comprobar una vez más la potencia del mercado de aquel continente que, poco a poco, va haciéndose con piezas de pintores internacionales, de los más importantes. Y Sorolla es uno de ellos.
El Tío Pancha
, otro lienzo de 1907 y de 63 x 81,3 cm esta vez, con su luz invernal, subió hasta las 181.250 libras (224.206 euros; 280.213 dólares), dentro de la generosa estimación que se había dado: 150.000 -250.000 libras.
Sin embargo, se quedó en el tintero, sin comprador, A la orilla del mar (129,5 x 104,2 cm), un doble lienzo firmado en 1908 con una escena de playa con madre y niño, y que tenía la estimación más alta: de 700.000 al millón de libras. Comprada en mayo de 1997 en Christie’s Nueva York por 240.000 dólares (208.175 euros), más comisiones e impuestos, los coleccionistas no estaban dispuestos a pagar esas cantidades por un cuadro recompuesto que no termina de convencer por mucho que hubiese figurado en las distintas exposiciones de la Hispanic Society of America de 1909. Ese dinero se invierte en una pieza de calidad o se reserva para cuando salga.
En la misma licitación, por último, una sencilla tablita de Hermenegildo Anglada Camarasa (1872-1959) titulada La Chumbera (37,2 x 50,7 cm) y pintada hacia 1925-1930 se adjudicó por 51.650 libras (63.891 euros), dentro de la estimación de 30.000 a 50.000 libras.
La cita en Sotheby’s Londres del día anterior 11 de junio fue, en cambio, un tanto desoladora en lo que nos toca. Como suele ocurrir, las expectativas eran altas pues había piezas de calidad; sin embargo, las estimaciones se demostraron altas y hubo demasiados lotes que quedaron desiertos. ¿Acaso es problema de nuestro raquítico mercado nacional? ¿O de que los vendedores no quieren bajar sus precios de venta hasta comprobar cómo sus obras quedan invendidas y quemadas ya por un tiempo? ¿O es que los pintores de los que hablamos no son tan internacionales como nos gustaría que lo fuesen? Quizá, haya que buscar la respuesta en una mezcla con un poco de cada una de las razones apuntadas…
El caso es que, de las obras importantes, sólo el paisaje de Hermenegildo Anglada-Camarasa (1871-1959) encontró comprador. Se trataba de un óleo importante –los otros también lo eran, aunque el precio se demostrase excesivo-, un paisaje de 1925 de una
Finca mallorquina, Puerto de Pollença (O/L, 79 x 99 cm), con un interesante juego de tonos de color y un tamaño ya más que digno. La estimación de 200.000 a 300.000 libras se mostró excesiva pues se adjudicó por 190.000 libras pero con las comisiones y los impuestos se quedan, finalmente, en 229.250 libras (283.834 euros), mostrando lo limitado del mercado de Anglada-Camarasa en este tipo de obras y en estos tiempos que corren. Es más, Interior de café Concert (O/T, 21,5 x 27 cm), una pequeña tablita, no encontró interesados en la estimación de 20.000 a 30.000 libras…
Con Joaquín Mir (1873-1940) me temo que sucede lo mismo, aunque esta vez su luminosa y colorista
Sierra de Tramontana. Mallorca (O/L, 100 x 100 cm) no encontró comprador. La estimación de 200.000 a 300.000 libras (243.000-364.000 euros, más comisiones e impuestos) se mostró excesiva quizá para lo excesivamente deshecha de su pintura en una fecha relativamente temprana, 1903 pintada, pues, con apenas treinta años. La jugada del coleccionista que la compró en junio de 2007 en Balclis donde, supuestamente, subió de los 90.000 euros de la salida hasta los 150.000 euros del remate, más comisiones y los impuestos, no salió redonda esta vez…
Más suerte hubo en las piezas pequeñas de su mano: Casetas de baño. Playa de Vilanova (O/L/T, 23,5 x 29 cm) se vendió por 15.000 libras (dentro de la estimación) y Tosa (O/L/T, 23 x 29 cm), del 5 de agosto de 1930, por el mismo precio.
A esta pequeña decepción se unió la del atractivo retrato pintado por Ignacio Zuloaga (1870-1945). Su espléndido y coqueto
Retrato de la Señora de Garay (Esther Rodríguez Bauzá) (O/L, 158 x 190 cm), que salió a pujas con una estimación entre 150.000 y 200.000 libras (182.000-243.000 euros), tampoco encontró comprador. Y sigue así la triste estela de los soberbios retratos del vasco que no encuentran hueco en nuevas colecciones, como ocurrió en junio de 2009 en esta misma sala con el magnífico de Azorín (O/L, 1941, 120 x 180 cm; est.: 200.000 a 300.000 libras). Ya se sabe que los retratos no tienen una venta fácil…, y que hay que resignarse a los gustos de los coleccionistas, pero con obras de esta calidad no es fácil aceptar estos hechos.
En un sentido similar, quedaron sin comprador varias obras: Parc Badés. Arbúcies (O/L, 115 x 100 cm; est.: 100.000-150.000 libras) de Santiago Rusiñol (1861-1931); La mujer del cántaro (O/L, 125,5 x 85 cm; 80.000-120.000 libras) de Julio Romero de Torres (1879-1930); y un buen papel a tiza, gouache y carboncillo de 59 x 80 cm, El entierro de la sardina (est.: 50.000-70.000 libras) de José Gutiérrez Solana (1886-1945).
En fin, hemos podido comprobar esta semana una doble realidad: que nuestro mercado, que busca autores de fuerza y fama nacional, no pasa por sus mejores momentos, lo cual ya sabíamos; y que, en cambio, los internacionales como Sorolla sigue subiendo sus precios porque cada vez hay más coleccionistas que pujan por ellos, estadounidenses e incluso asiáticos. Y que para la temporada que viene, habrá que conseguir mejores precios de venta de los vendedores.