Ninguna novedad en la travesía del desierto en nuestro país, salvo la eclosión del fenómeno Fernando Zóbel.
Publicado por Daniel Díaz el 8 de julio de 2013.

Acaba la temporada de subastas con las últimas licitaciones en nuestro país.
Segre el 2 de julio, Fernando Durán el 3 y el 4. Durán y Alcalá el día 10, Ansorena el 16… Pocas novedades esperamos ya, a estas alturas de curso, salvo que sí parece percibirse un cierto repunte, una cierta re-animación del mercado, un comprar con un poco de aquella alegría que era palpable en los años 2006, 2007 y 2008. Los precios de las obras, mientas tanto, han continuado bajando y no porque no valgan sino porque apenas hay demanda para piezas de una cierta entidad. En ese sentido, no ha sido nada extraño ver obras que hace unos años se habrían vendido por 25.000-30.000 euros quedarse en los 10.000-15.000 euros de la salida, o piezas que debían rondar los 100.000 euros venderse por apenas 50.000 euros. Apenas ese importe, pero se han vendido, y eso es, insisto, un síntoma claro de recuperación.
Siendo eso importante por ser un dato objetivo, parece que debemos preguntarnos más bien qué nos deparará la temporada que viene. Y, antes de entrar en materia, una curiosidad porque es ya vox populi que Gonzalo Mora, tras su singular salida de Fernando Durán, está organizando ya su nuevo proyecto, con idea de recalar de nuevo en las subastas la temporada que viene, probablemente ya comenzada ésta. Dicho lo cual, volvamos a la idea de la próxima temporada donde me atrevo a garantizar que habrá piezas muy interesantes a precios incluso menores: porque muchos coleccionistas han comprendido que más vale una venta hoy, perdiendo un porcentaje medio, que no una posible mañana con un porcentaje ligeramente por encima, y porque ya quedan pocos tan ingenuos que piensen que todavía van a recuperar el precio que pagaron. Suena duro, pero la realidad se demuestra más insensible aún que las palabras.
El comprador que tiene dinero, tiene un mayor poder de negociación y suele terminar imponiendo su voluntad muchas veces, especialmente cuando el vendedor, por los motivos que sean, necesita la venta del objeto. Y aunque es triste, pues hablamos de obras de arte, es real. Y prueba de ello es que los límites de los precios se han desdibujado absolutamente. Un ejemplo evidente, por citar sólo uno: la obra de Celso Lagar (1891-1966), que aparece sin empachos en las casas de subastas, variando los precios sin una idea clara basada en la calidad mayor o menor de sus piezas sino más bien en las necesidades más o menos urgentes del propietario. Un par de ejemplos:
Paysage aux toits rouges (O/L, 39 x 55 cm) se ofrecía en mayo pasado en Conan, París, con una estimación de apenas 600-800 euros. Es cierto que la obra no era de grandes vuelos ni de su temática de circos, ni siquiera un paisaje de su querido Honfleur, pero el remate por 800 euros habla por sí sólo. Dos días más tarde, la casa de subastas de Versalles, Eric Pillon Encheres ofreció La roulotte de la diseuse de la bonne aventure
(O/T, 46 x 55 cm) con un certificado no de Narciso Alba sino de Manuel Gallardo Morcillo por 2.500-3.000 euros; no se vendió… Más grave aún es que han aparecido también como obras de su mano, lienzos y papeles de más que dudable autenticidad que, normalmente, no encuentran comprador. Pero el rastro ahí queda, y los precios que los compradores están dispuestos a pagar bajan con el argumento de que tal o cual lienzo no se vendió o que se adjudicó por la salida de apenas tal cantidad. Es más, en estos últimos meses parece que muchos coleccionistas han decidido deshacerse de sus compras, como si temieran que dentro de unos años vayan a valer mucho menos, como las acciones en bolsa. Y, ya se sabe, que a río revuelto, ganancia de pescadores…
El ejemplo contrario también lo conocemos, aunque es menos frecuente, desgraciadamente. Se trata de artistas españoles cuyo mercado ha traspasado nuestras fronteras y tienen, por tanto, multitud de clientes que no están sufriendo una crisis económica. Citemos un ejemplo paradigmático de eclosión más o menos reciente y que llama la atención a cualquier que haya seguido un poco de cerca esta temparada: el caso de Fernando Zóbel (1924-1984). Nacido en Manila pero de origen español, en los últimos tiempos el gusto por su obra –y, más aún, su afán de poseerla- parece que ha despertado entre los residentes de Filipinas y en colonias chinas como Hong Kong, y hoy son muchos los coleccionistas que demandan obra de su mano. Y, como suele ocurrir, cuando el comprador no distingue especialmente entre 15.000 y 25.000 euros, la subida de precios está servida…
Testigos de ello fuimos hace apenas un mes, en mayo pasado, cuando en Fernando Durán surgió la locura. El lote 1008,
Matritenses, 1958 (O/L, 110 x 40 cm), que no se encontraba en perfecto estado ni mucho menos, salió a pujas con una más que atractiva salida: apenas 10.000 euros. La mayor parte esperábamos una venta que rondase los 80.000 euros, pero en poco más de diez minutos, varios pujadores por teléfono –filipinos y chinos, fundamentalmente- y alguno que otro en sala, elevaron sus pujas hasta los 225.000 euros que, sumadas las comisiones y los impuestos, quedó finalmente en 272.250 euros. Y, sorpresa, no fue adjudicada a un pujador por teléfono, sino en la propia sala, aunque muy probablemente se pujaba para un cliente extranjero. Y es que los años de 1957 a 1959, la época de sus saetas, son especialmente buscados, apreciados y, por tanto, pagados… Este mismo mayo pasado de 2013, Christie’s Hong Kong remató por 696.204 euros Aracili, 1959 (O/L, 97 x 146 cm), muy, muy lejos de la estimación inicial (119.500 euros); lejos incluso de los 815.244 euros pagados en Sotheby’s Hong Kong un mes antes por Hattecvm
(O/L, 18 de julio de 1959, 100 x 149 cm; est.: 77.500-119.300 euros).
Y este mes de junio ha ocurrido lo mismo por dos veces: Segre vendió A Itálica vista por Rodrigo Caro, 1970 (O/L, realizado el 27 de mayo de 1970 en Sevilla, 80 x 80 cm), que había salido por apenas 18.000 euros, por la cifra de 50.106 euros. Apenas dos días más tarde, Fernando Durán volvió a presenciar cómo su Flauta IX
, 1976 (O/L, firmado el 27 de agosto de 1976, 70 x 92 cm) subía desde los 35.000 euros de la salida hasta los 193.600 euros. Y para dejarlo más claro aún: Alcalá ofreció por 30.000 euros en noviembre de 2012 Elegía por un corral sevillano que van a derribar, 1970 (O/L, 130 x 97 cm), y no hubo interesados; curiosamente, en abril de 2013 se pagaban 68.351 euros por la pieza, más del doble, nuevamente en Sotheby’s Hong Kong…
Conclusión: el mercado español ha ofrecido y seguirá ofreciendo el próximo año oportunidades magníficas de compra, aunque haya autores que por traspasar nuestras fronteras su interés se han ido ya para siempre de nuestras posibilidades… ¡Sólo hay que estar atento y dejarse aconsejar!
Publicado por Daniel Díaz el 8 de julio de 2013.