Tras un breve análisis de los resultados y tendencias de la licitación del pasado día 2 de octubre de Christie’s Madrid, hablaremos también de otros remates de las salas españolas en sus últimas subastas.
Publicado por Daniel Díaz en La Gaceta de los Negocios el sábado 10 de octubre de 2008.
Respecto a Christie’s Madrid, debemos comenzar haciendo un balance absolutamente objetivo. Y es que en 2006, sus ventas ascendieron a 15.243.760 euros; en 2007 a 14.567.975; la semana pasada a 5.621.350 euros. El bajón es, por tanto, evidente.
La mayor parte de lo vendido corresponde a obras del siglo XX. Y, dentro de la oferta, las piezas poco significativas
apenas tuvieron eco en los compradores. Las piezas importantes, sin embargo, se vendieron; alguna de ellas, incluso por encima del precio razonable. En ese sentido, podemos hablar de Matisse como pretexto, de Manolo Valdés, que se adjudicó por 505.000 euros; Virtus Marin VI, de Pablo Palazuelo, por 301.000 euros; o Nudo suelto, de Juan Uslé, por 193.000 euros, precios por encima de los esperados, sin ninguna duda. El buen coleccionista sabe esperar y comprar las grandes piezas, pero tampoco debe pagar más de lo debido por ellas.
Quizá en ese contexto haya que incluir el fiasco de La gata rosa, de Anglada-Camarasa. La obra era magnífica, sin duda, pero no era de su época parisina -la más buscada por la mayor parte de los coleccionistas- y quizá pesó demasiado en la estimación la venta en casi tres millones de euros de hace dos años de El casino de París. No decimos que no valga La gata rosa el precio de la estimación, sino que no hubo coleccionistas dispuestos a gastarse esa cantidad en estos momentos por el retrato.
Vista la tendencia del mercado, y estas ventas lo corroboran, se puede deducir cuáles son los artistas en alza en estos momentos: Manolo Valdés, Pablo Pazuelo y Miquel Barceló -cuyo Talls de 1988 se adjudicó por 217.000 euros-, fundamentalmente. En un orden menor, se debe situar a Martín Chirino, cuyas sus dos piezas se adjudicaron por 157.000 euros: Lady Lazarus (Homenaje a Silvia Plath) (chapa de acero, 1968-1969, 93 x 160 x 61 cm) y El viento (bronce, 1/4, 1971-1972, 107 x 101 x 64 cm), muy por encima de las estimaciones de la sala.
Como decíamos, las obras poco significativas -sin esa especial calidad pero de un importe ya considerable-, como las que se ofrecían de Chillida, Oteiza, Antonio López, Lagar, Bores o tantos otros, quedaron desiertas. Y es que el coleccionista de este tipo de piezas, que no llega a las importantes, piensa su compra mucho más; y en los tiempos que corren, con la incertidumbre del futuro, se dejan pasar hasta mejores épocas.
Una última conclusión: la pintura antigua y la del XIX tienen una salida cada vez más complicada, en beneficio del arte del siglo XX. Quizá se busque en ello una revalorización más rápida, aunque más bien me inclino por pensar que es una evolución del gusto, aunque todavía
sea éste demasiado indeterminado.
En esta línea, es muy llamativo que no hubiese ninguna puja por ninguna de las pinturas antiguas; sólo el Estado compró, cuando ya había bajado el mazo, el Retrato familiar de la Duquesa de Osuna, de Agustín Esteve, por 361.000 euros. Insisto, por tanto, en que es muy buen momento para comprar pintura antigua de alta calidad; como la demanda ha bajado muchos enteros respecto a épocas pasadas, la oferta comienza a rebajar sus pretensiones. Y es en ese momento cuando se pueden hacer muy buenas compras. Y cada vez se ven más combinaciones en las casas de muebles modernos con pintura antigua, o muebles antiguos y pintura contemporánea. Como me decía un amigo hace unos días, tendríamos que comprar sin mirar el autor, fijándonos casi exclusivamente en la calidad.
De autores más contemporáneos, además del buscado Juan Uslé, se destaca el fallecido Juan Muñoz: La marea (tinta, acero y madera, 1988, 130 x 47 x 82 cm) se remató por 85.000 euros, lejos de los precios pagados por sus personajes hablando y escuchando, pero era obra atípica; como tal salió a pujas en Christie’s Nueva York en septiembre de 2004, con una estimación entre 20.000 y 30.000 dólares, pero no encontró comprador; no ha estado mal la venta, dado el precedente.
Otro de los más interesantes es, sin duda, José María Sicilia. La luz que se apaga (óleo y cera sobre madera, 1998,
185 x 157 cm) era obra atractiva, más tardía y agradable que sus Flores y composiciones de los ochenta. Como tal, subió de los 20.000-30.000 euros hasta venderse por 55.000 euros. Por último, destacaría los dos lienzos de Guillermo Pérez Villalta. El gaditano, con su peculiar estilo y su lenguaje tan personal, se ha hecho un hueco entre la vanguardia abstracta y tanto La sombra dibujada (O/L, 1994, 141 x 200 cm) como La reunión (O/L, 1993, 141 x 205 cm) terminaron adjudicándose por 73.000 euros; dentro de la estimación, es cierto, pero se han vendido cuando para otros muchos lotes no ha habido comprador o interés siquiera.
Abandonamos la subasta de Christie’s, y nos desplazamos a las de esta semana en Alcalá y Sala Retiro.
En la primera de ellas, destacó la compra por parte del Estado del buen Retrato ecuestre de Carlos II niño (O/L, 207,5 x 146 cm) de Sebastián Herrera Barnuevo. Adjudicado en la salida, 60.000 euros, deberá pagar 71.136 euros por esta composición velazqueña, elegante y de una alta calidad. El Bodegón de flores de Bartolomé Pérez también se vendió en la salida, esta vez a un particular, que deberá pagar 94.848 euros. En cambio, el buen Bodegón de abril de Francisco Barrera se quedó sin comprador, quizá por la dureza de la obra quizá por el alto precio de 200.000 euros.
Buenas noticias, en cambio, para la pintura de Anglada-Camarasa; no se vendió La gata rosa, pero sí este buen apunte parisino titulado Amigas, una puja por encima de la salida: 130.416 euros.
Y en autores contemporáneos, buenas ventas también para los buscados Uslé, Palazuelo y, en menor medida, Sicilia. Si la escultura de Palazuelo, Sin título, que partía de los 130.000 euros, se
adquirió en la salida, y el nuevo dueño deberá pagar 154.128 euros, no ocurrió lo mismo con las obras de Uslé y Sicilia. Ambas subieron varias pujas: y de los 70.000 en que partía Soñé que revelabas IV del santanderino Uslé se llegó hasta los 90.000 euros, cuatro pujas, que hacen un total de 106.704 euros; para la Flor ocre de 1986 de José María Sicilia, dos pujas más, hasta los 82.992 euros. Buenas ventas, sin duda.
En Sala Retiro, había piezas interesantes, pero no se concretaron esas buenas ventas. Quedaron sin comprador el buen pero quizá algo pequeño Ascalfa (Tm/L, 1966, 46 x 54 cm) de César Manrique, que partía de los 15.000 euros; la escultura en bronce del Bodegón de los pinceles de Carmen Laffón, desde unos difíciles, como advertimos, 15.000 euros; o el Paisaje y mesa de 1974 de Cristino de Vera, en 18.000 euros. Nadie se interesó por el Retrato de niño (O/cartón, 1926, 26 x 23,5 cm, 9.600 euros) de Benjamín Palencia, ni por la interesante Visión alegórico-satírica del Juicio Final de Eugenio Lucas Velázquez
(30.000 euros).
En cambio, buena venta tuvieron algunos autores más locales: Paisaje con ganado y río (O/L, 1895, 55 x 76 cm) del gallego Ovidio Murguía subió de los atractivos 4.000 hasta unos generosos 11.153 euros; algo similar ocurrió con el vallisoletano, y poco conocido, aunque de gran calidad, Aurelio García Lesmes, cuya atípica Barca en la orilla (O/L, 88 x 125 cm) pasó de los 1.000 euros a los 6.457 euros; o La confesión (O/L, 54,8 x 44,7 cm) del
bilbaíno Eduardo Zamacois: de 9.000 a los 15.262 euros. Buenas compras, sin duda.
Por último, el día 6 en Sotheby’s Hong Kong se subastaba una obra del español, aunque nacido en Filipinas, Fernando Zóbel: Movimiento sobre claro (movement on clarity) (O/L, fechada el 20 de agosto de 1967, 96 x 96 cm). Subió como se esperaba y, tras las comisiones y el iva, se adjudicó por 860.000 HKD, unos 81.500 euros, muy lejos de los sorprendentes 150.000-200.000 HKD de la estimación.