
Como comentábamos en nuestro artículo de la semana pasada, el negocio del arte continúa activo y la quincena que acaba de terminar muestra no sólo que los coleccionistas
siguen seleccionando y comprando obras sino que las piezas de calidad se venden incluso ligeramente por encima del precio que se podía prever dada la situación económica. Por ejemplo, el pasado día 14 de diciembre salía a pujas en una poco conocida sala de subastas en Versalles, Versailles Enchères Perrin-Royère-Lajeunesse, una obra de calidad de Antonio Saura: Dora Maar (O/L, 130 x 97 cm). Es cierto que no era de sus años más buscados, pues fue pintada el once de mayo de 1983, pero el tamaño, la materia y la procedencia de la Galerie Stadler de París eran impecables. Pues bien, la adjudicación por 210.000 euros, dentro de la estimación, y posterior venta por 257.712 euros, comisiones incluidas, ilustra perfectamente
lo que venimos comentando.
Apenas tres días más tarde, la casa Pierre Bergé & Associés, de Bruselas, sacaba a pujas tres obras de Jaume Plensa (1955), otro de los artistas más interesantes en el panorama español, como venimos comentando. No eran obras excepcionales, ni había ninguna escultura de letras, pero Conversation, 2002 (alabastro, nylon y sistema de luz, 8/8, 60 x 40,3 x 20 cm) se adjudicó por 15.000 euros, la estimación más baja. Tong, 1995 (Técnica mixta sobre papel, a doble cara, 54 x 43 cm, de la antigua colección de Roger Vivier, de París) se quedó muy por debajo de lo estimado, pero se vendió por 1.000 euros, mientras un espectacular Sans titre,
1989 (acuarela y lápiz sobre papel en relieve, 191 x 293 cm, de la misma colección) subía hasta los 26.000 euros -precios todos ellos sin comisiones-, y que muestran no sólo lo atención de los coleccionistas incluso de subastas relativamente poco conocidas…
En la casa catalana Balcli’s hubo buenas ventas para el arte finisecular. Uno de los protagonistas era Joaquín Mir (1873-1940), del que salían diversas obras. El pastel titulado Paisaje de Maspujols (48 x 64 cm) se vendió en la salida, 18.000 euros, así que el comprador deberá pagar 23.800 euros, mientras por la Vista de Alforja (O/L, 39 x 47cm) se pagó algo más: 32.725 euros. Pero el lote estrella de la noche fue, sin duda, una extraordinaria escultura
en mármol blanco de Josep Llimona (1864-1934). Escultor vinculado al Cercle Artístic de Sant Lluc y posteriormente al simbolismo, su Meditación o Insomni (52 x 40 x 28 cm), realizada hacia 1917-1918, era una de las cuatro versiones que hizo. Su insólita salida por 9.000 euros quedó en el recuerdo pues terminó adjudicándose por 71.400 euros.
En una línea similar en cuanto al interés por lo catalán y lo finisecular, Paisaje fluvial (O/L, 1888, 61 x 121 cm) de Eliseo Meifrén salía por unos atractivos 15.000 euros; sorprendentemente sólo hubo una puja más y se remató finalmente por 19.040 euros, algo más de los 10.115 euros pagados por Partida empeñada (O/L, 52 x 68 cm) de Román Ribera (1849-1935), que salía por unos atractivos 6.000 euros.
Ese gusto por lo propio, los coleccionistas catalanes por los autores catalanes, los vascos por los vascos, etc., se apreció también en Subastas Bilbao XXI. El muelle de La Cabaña, San Vicente de la Barquera (O/L, 55 x 65 cm) del vasco Juan José Rochelt (1881-1953) se remató por 6.000 euros, el mismo precio que su amplio Paisaje de Los Chopos, San Vicente de la Barquera (O/L, 50 x 61 cm). Más reciente era la obra del vallisoletano aunque afincado en San Sebastián Jesús Gallego (1919-2004): Plaza de la Constitución (O/L, 1957, 100 x 135 cm); como buen motivo vasco se adjudicó por los 10.000 euros de la salida. Y, por último, una venta de calidad: La huida y el martirio de San Vicente de Ávila y sus hermanas (O/T, 118 x 104 cm, procedente del retablo mayor de la basílica de San Vicente de Ávila) del poco conocido aún Pedro de
Rubiales (1511-1582). Sin duda, Rubiales es uno de los mejores y más genuinos pintores españoles en el Renacimiento, pero apenas hay estudios publicados –el más reciente es la tesis doctoral de Gonzalo Redín Michaus, Pedro de Rubiales, Gaspar de Becerra y los pintores españoles en Roma, 1527-1600. Formado muy probablemente con Alonso de Berruguete –los rostros son evidentes ecos-, marcha a Roma donde trabaja con Miguel Ángel. La obra salía a pujas por 39.000 euros, y algún buen coleccionista pujó por ella en la salida y se la adjudicó.
La licitación en Fernando Durán tuvo poco éxito; malos tiempos para la agitada casa. Dos remates de su público fiel: un óleo de Abraham Bloemaert (1564-1651), Descanso en la huida a Egipto (O/T, 46 x 35 cm) siguiendo un grabado de Bolswert, subió de los atractivos 7.200 euros hasta rematarse por 17.000 euros, a los que habría que sumar la comisión. Lo mismo sucedió con el Calvario con Cristo crucificado con San Juan Evangelista y la Virgen María (grupo escultórico en marfil tallado y policromado, Cristo: 42 cm de altura, Virgen: 23 cm, y San Juan: 26 cm) de la escuela flamenca del siglo XVII, que se remató por 16.000 euros.
Ansorena no
consiguió comprador para las tres obras importantes de pintura antigua: La coronación de San José (O/L, 1038 x 107 cm, 60.000 euros) del sevillano Juan de Valdés Leal (1662-1690) quedó desierta, lo mismo que el pequeño tondo del Martirio de San Lorenzo (O/L pegado a tabla, 11 cm, 100.000 euros), atribuido a Goya por Arnáiz y Buendía, y el Paisaje costero (O/L, 74 x 136 cm, 40.000 euros) del ferrolano Jenaro Pérez Villamil. En cambio, el delicado y aterciopelado Retrato de dama (O/L, 1848, 59 x 44 cm) de Antonio María Esquivel (1806-1857), subió de los 7.000 euros de la salida hasta los 15.000 euros; buena compra, sin duda.
La pintura regionalista también obtuvo algunas buenas ventas: de Gonzalo Bilbao (1860-1938) se adjudicaron Bailaora (O/L, 100 x 45 cm) por 7.000 euros y una segunda Bailaora (O/L, 100 x 45 cm), con otra gitana tocándola guitarra por detrás, por 10.000 euros. En la misma línea, La canastera (O/L, 1877, 105 x 78 cm) del cubano afincado en Cartagena Manuel Wssel de Guimbarda (1833-1907) subió de 36.000 a 40.000 euros, mientras el Retrato de niña (O/L, hacia 1894, 42 x 30 cm) de Joaquín Sorolla subió una puja hasta adjudicarse por 42.000 euros. No se vendieron, en cambio, ni el Paisaje (O/L, 1875, 73 x 99 cm, 27.000 euros) del santanderino Agustín Riancho
(1841-1929), ni el Estío (O/L, 1925, 96 x 81 cm, 30.000 euros) de Gabriel Morcillo (1888-1973), ni el más tardío Campo de amapolas con perdiz (O/L, 1966, 65 x 54 cm, 20.000 euros) de Benjamín Palencia (1894-1980).
En Durán, las ventas tuvieron un marcado sentido regionalista. Del gallego
Xaime de Quessada (1937–2007), su Joven enigmática (O/L, 1969, 115 x 81 cm) subió de unos sorprendentes 2.000 euros de la salida a los 9.000 euros del remate (10.800 euros con comisiones), precio bueno si tenemos en cuenta su más alta cotización en el mercado. Y dos piezas de santanderinos: de Antonio Quirós (1912–1984), En la silla (O/L, 55 x 46 cm), que se había expuesto en las galerías Cervantes de Santander, Laietana de Barcelona y Biosca de Madrid, se adjudicó por 9.000 euros (con comisión), mientras Paisaje belga (O/L pegado a táblex, 17 x 31 cm, con sello al dorso de la exposición antológica organizada por la Dirección General de Bellas Artes en enero de 1973, catalogada con el nº 94), de Agustín Riancho (1841–1929) se quedó en los 7.800 euros (con comisión de la salida).
Segre, en cambio, obtuvo buenas ventas con la pintura más contemporánea. Sobresalieron las obras de
Fernando Zóbel (1924-1984): Guadalquivir (O/L, firmado en Sevilla el 10 de junio de 1973, 112 x 140,5 cm) subió de 30.000 a 60.000 euros, duplicando el precio inicial en una acalorada puja; las dos obras menores, Marina Gris II (O/L, 1976, 40 x 70 cm) y Marina Gris (estudio) (O/L, 1976, 40 x 70 cm) se adjudicaron en la salida, 18.000 euros cada uno, mientras La cascada II (O/L, 1976, 100,5 x 100,5 cm, 27.000 euros) se quedó, sorprendentemente dado el interés suscitado en el lote anterior de Guadalquivir, sin comprador.
De Rafael Canogar
(1935) no se vendió la Pintura (O/L, 73 x 60,5 cm) de 1959, que partía de unos altos 22.000 euros, pero su Naturaleza muerta (O/L, 1986, 130 x 161,5 cm) más tardía subió de 19.000 a 26.000 euros. Y, por último, también destacaron las ventas del Árbol (O/L, 1990, 200 x 160 cm) de José Manuel Broto (1949), se adjudicó por la salida de 20.000 euros, y Suite de L’Aigua (bronce, 1987, 3/3, 40,5 x 13 x 23 cm) de Jaume Plensa (1955) por una puja más de la salida: 8.000 euros.