Publicado por Daniel Díaz en La Gaceta de los Negocios el sábado 6 de enero de 2007.
Entrevista a Oliva Arauna, directora de la Galería de Arte Oliva Arauna
Nos recibe con una sonrisa en la sede de su nueva galería, diseñada por el prestigioso arquitecto Ignacio Vicens, en la popular calle de Barquillo. Rápidamente entra en materia y, acerca del arte, responde: “Siempre digo que el arte es una gran inversión, pero fundamentalmente en calidad de vida. Te enseña a vivir, te enseña a pensar, te enseña a mirar, te enseña a comprender a los demás. Después y aparte de todo lo anterior, yo tengo una colección de arte porque no solamente me ayuda y me enseña sino que pienso que el día de mañana puede ser un gran patrimonio para mis hijos. Y para tener una buena colección, sólo hay que comprar a los artistas cuando están en el momento justo…
– El problema es saber cuándo es ese momento.
Pues es bastante fácil. Pero como cualquier otra inversión, tienes que dejarte aconsejar. A mí no se me ocurre, al invertir en bolsa, decidir que voy a comprar acciones en Telepizza o en Google o en… En el arte, al principio, también te tienes que dejar aconsejar por la gente que sabe. Y normalmente, casi todas las galerías damos un buen consejo: hay que ver mucho, mucho -los sábados por la mañana es un día estupendo para ver galerías: disfrutas, sales, aprendes muchísimo-. El coleccionismo es una forma de vivir; el coleccionista vive y vibra con las obras de arte, no le impresionan los coches de lujo o no se va a esquiar.
– Pero no se debe ver el arte como simple inversión…
Poca gente cree en el arte como inversión, pura y dura. Pocos, afortunadamente. Todas las obras de arte, todas, a largo plazo, son una gran inversión. En lo que no creo es en esas promesas de invierta y le garantizamos un 10% de revalorización. Todo va subiendo, pero eso no significa que prometamos ninguna rentabilidad económica, porque es muy peligroso. De hecho, se ha demostrado con todos los que habían prometido…
– ¿Y ahora que la fotografía es ya un medio establecido, asimilado y aceptado, sigue habiendo escasos coleccionistas de este medio?
Escasos son los coleccionistas de todo tipo de arte (risas). Coleccionista no es el que tiene dinero y compra sino que, como hemos dicho, es una forma de vivir.
– Sobre precios, y por citar algunos, hablamos de los 10.000 euros por obras de la serie Views, de Sergio Belinchón; José Manuel Ballester en 18.000 euros, Antoni Muntadas entre 12.000 y 15.000 euros…
Con los precios, como con todo, hay que ser muy consecuente. Si se pone un curriculum al lado de otro, es obvio que no pueden poner precios más altos que los que tienen artistas que llevan treinta años trabajando, con una obra impresionante y que todo el mundo les conoce. Los artistas jóvenes que en los años 80 continuaron trabajando a futuro, sin apuntarse al carro de los precios altos, esos son los artistas que hoy se pueden permitir el lujo de poner esos precios. Antoni Muntadas no se puede pretender que tenga un precio de jovencito.
– Parece, más bien, que el problema es el contrario: los altos precios de los artistas que todavía no han demostrado suficientemente su calidad.
Sí, no tienen curriculum suficiente todavía para tener esos precios. Además, la fotografía tiene unos costes de producción muy altos. Y el mercado es libre… Hay que ir a galerías serias porque están en el mercado, peleando para que el precio sea razonable, para no encarecer a los artistas. Si no están en precio, no les puedes sacar fuera porque la gente los compara y… no los compran.
– ¿No existe también el problema de la durabilidad de la obra? Ya hay serios problemas de conservación de fotografías, que se arrugan, pierden calidad, luminosidad…
Primero, mientras los negativos estén conservados, no hay ningún problema… La mejor conservación es la de la fotografía porque la puedes volver a hacer. Un coleccionista puede acudir a la galería o al artista y pedir una nueva impresión de su obra, previo pago de la producción, claro. Ésta es una de las grandes ventajas de la fotografía que no tienen otros medios. No debe que existir ningún miedo hacia la fotografía.
– ¿Qué recomendaría a alguien que, sin un gran presupuesto, quisiera comenzar un pequeña colección?
Lo primero es que cada uno tiene que empezar con su propia época. El coleccionista de 35 años no puede pretender tener obras de los artistas de los 70, ni puede coleccionar un saura, porque ya no es de su propio tiempo. Los jóvenes aportan nuevas y buenas ideas, y son los únicos a los que se puede llegar en un precio razonable. Lo segundo es preguntar por el galerista y decir: quiero comprarme esta obra, ¿cómo te la puedo pagar? Creo que todos los galeristas estamos abiertos a estudiar fórmulas diversas de pago. Por último, ver mucho, mucho, y preguntar al galerista -sin miedo, que lo hay- qué otras cosas puedo ver, qué museo o qué exposición me aconsejas.
– ¿Cuál es la calidad del arte español actual?
En promoción somos todavía unos principiantes si nos comparamos como Alemania, Reino Unido o Estados Unidos; necesitamos un gran avance. Pero en calidad de artistas, te puedo asegurar que tenemos unos artistas magníficos. Otra cosa es que no haya unas redes para poder conseguir esa promoción… En España falta todo esto: se han construido muchos edificios, pero hay muy poco arte dentro; y hay muy pocas individuales de los españoles en los museos. Querríamos una ayuda para crear equipos de profesionales y cada vez que vengan directores de museos, de bienales o comisarios, se les lleve a conocer, dentro del tipo de obra que les interesa, estudios de artistas, galerías, exposiciones… En una palabra, que vean lo que se está produciendo. Y es algo que algunas instituciones están pensando -sabiendo que tenemos razón-, como el Instituto de Arte Contemporáneo. No nos inventamos nada, así es como otros países han sacado a delante a sus artistas.
PERFIL
Oliva Pérez Arauna nace en Santander en 1953. Su nombre es sinónimo de fotografía. En 1985 funda la Galería Oliva Mara, y un año más tarde la Galería Oliva Arauna, en Claudio Coello, con la que acude a distintas ferias internacionales como Basilea, Turín, Frankfurt, Los Ángeles, Atenas, Berlín o Paris Photo. Durante unos años, fue miembro del Comité de ARCO y asesora artística para Canal +, además de socio fundador de ARTE MADRID- donde ejerce como vocal-, del Consorcio y del Instituto de Arte Contemporáneo -donde también es vocal-. Asimismo, participa con asiduidad en foros, debates y encuentros en nuestro país sobre el arte, la fotografía y las nuevas tecnologías. “Recuerdo la primera vez que expuse una videoproyección a pared abierta. Fue en el año 91 y ya exponía mucha instalación. La mayoría de mis colegas me preguntaron que si yo era una fundación, que no iba a vender nada… Yo les decía que no, que tenía muy claro que la iba a vender. Fue una proyección de Antonio Abad -el más innovador en proyecciones en España-, que se llamaba Sísifo, y además hablé con el Círculo [de Bellas Artes] para poder proyectar en el techo los funambulistas porque no teníamos sitio en la galería. Fue todo un shock en Madrid y en la galería, pero fue muy importante. En un primer momento, sólo le vendí una pieza -un Funambulista- a La Caixa, cuando estaba María Corral comprando, y después los tres Sísifos los vendí en los tres meses siguientes. Todo un récord. Y al año siguiente, comencé a vender vídeos a privados… “.
Nos recomienda comprar obra de Gabriele Basilico, cuya calidad y trayectoria no responden a los bajos precios que tiene [desde 8.000 euros]. Además, expone actualmente en el Museo de Bellas Artes de Santander un recorrido fotográfico por diversas ciudades del mundo con obras desde los 80 hasta el momento actual.