La situación económica ha motivado que los galeristas apuesten por una oferta de gran calidad, para conseguir atraer la atmósfera de indecisión de los coleccionistas.
La crisis económica parece tener un efecto claramente positivo en esta edición de ARCO, al dejar de lado muchos elementos prescindibles de ediciones anteriores como los espacios de recreo o las obras espectaculares pero superficiales. Los coleccionistas y asesores ya no están dispuestos a gastarse su dinero en cualquier tendencia bizarra, lo que ha motivado una mejora de calidad en la oferta y un esfuerzo por espaciar unas galerías de otras, favoreciendo el paseo y la contemplación de las obras expuestas.
La ansiedad que padecían los coleccionistas en ediciones anteriores, cuando debían decidirse en cuestión de horas, ha desaparecido radicalmente. Aunque se ven numerosos puntos rojos, que indican una adquisición, el ambiente general es de reflexión y prudencia. Al parecer, muchos galeristas se han dado cuenta de que no es oro todo lo que reluce, optando sabiamente por la excelencia por encima de la banalidad como valor. A pesar de que la demanda ha bajado, la oferta de calidad se mantiene, abarcando todavía obras de las vanguardias históricas del siglo XX y un completo panorama de las últimas tendencias de la posmodernidad. El stand de Guillermo de Osma es uno de los más atractivos con su precioso bodegón de Juan Gris y piezas interesantes de Blanchard o Metzinger. Las tendencias de la posmodernidad
aparecen mejor representadas en general en el resto de galerías, destacando Marian Goodman o Anthony Reynolds.
La pintura, reincorporada al mercado en los últimos años, es la protagonista indiscutible por su valor seguro y su exclusividad, a diferencia del videoarte y la fotografía, que es múltiple y difícil de conservar. Aunque las diferencias son sustanciales respecto a ferias de mayor prestigio, en ARCO también podemos encontrar grandes piezas. Entre las muchas que existen podemos destacar el cuadro de Bernard Frize en Rosemarie Schwarzwälder, las últimas creaciones de José María Sicilia en Edward Tyler Nahem de Nueva York, la pintura de Guillermo Kuitca de Hauser & Wirth, el saura de Lelong o los twombly de Karsten Greve. Aún así, se echan en falta muchas de las grandes firmas internacionales como Doig, Koons, Murakami o Hirst, cuya ausencia debilita la imagen de una feria que se dice internacional como ARCO.
El recurso de India como país invitado no es suficiente para una feria que pretende rivalizar con Art Basel, Maastricht o la londinense Frieze. En pasadas ediciones, países con grandes artistas como Gran Bretaña, China o Francia, brillaron por su ausencia. Esta vez, parece que Lourdes Fernández se ha tomado en serio este aspecto, gestionando muy bien la llegada de las mejores galerías del país asiático como Nature Morte o Espace Gallery, marchantes de grandes creadores como Subodh Gupta, Anish Kapoor o Raqib Shaw. Curiosamente, las mejores piezas de artistas indios las hemos encontrado en espacios europeos como Hauser & Wirth o Haunch of Venison, apostando el primero por una pintura y una instalación de acero de Gupta, y la segunda por una enorme pieza, Aquasaurus, de
Tillish Kallat en unos desorbitantes 360.000 dólares.
En general, la oferta de obras de arte de la presente edición es menos arriesgada que otros años, valorándose la intención de un coleccionista que persigue más el aspecto atemporal y sublime en una pieza que sólo su carácter decorativo o circunstancial. En ediciones anteriores, resultaba molesto observar simultáneamente obras de grandes creadores junto a imitadores vulgares que se apropiaban de su concepto, confundiendo al espectador. Las propuestas cool de otras ediciones, imbuidas de ironía, denuncia política o superficialidad, han dado paso a un esfuerzo por un escenario de arte con mayúsculas, factor clave para una buena adquisición.
LO MEJOR DE LAS GALERÍAS ESPAÑOLAS
Project SD de Barcelona nos ofrece uno de los espacios más coherentes con su selección de artitas jóvenes conceptuales como Peter Piller, Asier Mendizábal o Dora García ésta última, autora de una puerta cerrada cuyo valor radica en la imposibilidad de entrar, ya que tras su instalación la artista se queda con la llave. El espacio bilbaíno de Windsor oferta una numerosa selección de esculturas de Jorge Oteiza, así como la serie inédita Euskara. Muy cerca, Guillermo de Osma sobresale con
pinturas maestras de Antoni Tàpies, que van desde 1952 hasta años recientes. El stand de Max Estrella nos muestra su habitual selección de piezas de artistas multimedia como Valbuena, Ampudia o Canogar. Por último, destacar las impactantes obras de Victoria Civera en Soledad Lorenzo y Thomas Schulltze, las últimas piezas de Miki Leal en Fúcares y Rafael Ortiz, las fotografías de Carlos Irijalba en Fernando Silió, o las creativas instalaciones y vídeos de Aggtelek en Luis Adelantado.
Publicado por Daniel Díaz y Kristian Leahy en La Gaceta de los Negocios el sábado 14 de febrero de 2009.