La carpeta con los 80 aguafuertes se vendió en la subasta de Segre del pasado día 15.

La primera edición completa de los conocidos aguafuertes del aragonés Francisco de Goya (1746-1828) se publicó en el año 1863 por iniciativa de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se componía de
80 grabados al aguafuerte y estaban numerados y titulados, algunos firmados también en plancha. Se imprimieron con tinta sepia, similar a la usada en la primera edición de los Caprichos y de la Tauromaquia, sobre papel grueso muy absorbente con trama y con filigrana con las letras JGO y una concha.
La presente pieza se presentaba en buen estado de conservación, con la encuadernación cartoné original aunque con el plano anterior desprendido y algunas láminas con pequeñas manchas en los márgenes blancos y otras semidesprendidas. El precio de salida, por tanto, no podía ser muy alto y quedó fijado en 18.000 euros. Pero los coleccionistas vieron que era no sólo una obra importante y sino una ocasión y pujaron por ella hasta adjudicarse por 38.000 euros (con comisiones e impuestos 45.053 euros).
Realizados por Goya entre 1810 y 1815, Los desastres de la guerra muestran los excesos que debió contemplar el maestro en ambos bandos de la Guerra de la Independencia española, quedando como imágenes imborrables dentro de nuestra imaginería. En vida de Goya sólo se imprimieron dos juegos completos de los Grabados, uno de ellos regalado a su amigo y crítico de arte Ceán Bermúdez.
Por otra parte, en la misma subasta, el Estado compró un interesante Retrato de dos niñas ante un paisaje (O/L, firmado y fechado en 1821, 78,5 x 66 cm), con marco de época estilo imperio en madera dorada, de
Benjamin de Rolland (1777-1855). Discípulo en la Academia de París de Jacques Louis David (1748-1825), fue profesor de dibujo de los hijos del rey de Nápoles Joaquín Murat, ejerciendo posteriormente como conservador del Museo de Grenoble, y de 1817 a 1853 como director de la Escuela de pintura de esta ciudad. La obra salió a pujas por 9.000 euros y, ante la ausencia de otras pujas, El Estado compró la pieza por el precio de salida.
Tres apuntes más en cuanto a pintura se refiere.
En pintura antigua, sorprendió la venta por 30.000 euros de una atractiva pareja de Jarrones con flores (O/L, 113 x 71 cm) atribuidos a Mario Nuzzi (Roma, 1603-1673), tras una tímida salida por 24.000 euros.
En pintura finisecular, la luminosa y cuidada
Vista del puerto de Ibiza (O/L, pintado hacia 1912-15, 60 x 80 cm) del catalán, especializado en este tipo de obras, Eliseo Meifrén (1857-1949); pero esta vez, se vendió en el precio de salida: 45.000 euros.
En cambio, subió notablemente el atractivo paisaje
El Barrerón (O/L, 1965, titulado al dorso “El Barrerón nº 5”, 72 x 100 cm) del alicantino Benjamín Palencia (1894-1980). La pieza, un colorista y esencial paisaje del conocido y buscado pintor de la escuela de Madrid, salí por unos escasos 30.000 euros. Dado el buen tamaño y el año de creación, de técnica suelta y empastada, hubo varios coleccionistas interesados por hacerse con ella y subió hasta los 42.000 euros (49.787 euros comisiones e impuestos incluidos). Buena compra, sin duda.
Por último, de José Manuel Broto (1949), su Aire (A/L/T, 1999, 200 x 200 cm) se vendió por una puja más de la salida; 17.000 euros (más comisiones e impuestos).
Sin embargo, una de las piezas emblemáticas de la subasta no encontró comprador. Se trata de la obra de la portada,
Un bufón (también conocido como El bufón) (O/T, 1974, 50 x 49 cm) de Rafael Pérez Mínguez (1949-1999). Sin duda es uno de los mejores trabajos del pintor, además de ser el icono generacional de la Nueva Figuración madrileña de los años 70, preludio de la Movida Madrileña y precedente de la generación pictórica española de los años 80. Los 42.000 euros de la salida fueron excesivos, sin duda.
Publicado por Daniel Díaz en la web de Ars Magazine. 18 de diciembre de 2009.