Mercado de arte

La Santa Rufina de Velázquez sale de nuevo a subasta

Aunque la autoría del sevillano se discute, tras ocho años en manos privadas sale a pujas con una estimación de seis a ocho millones de libras

El 29 de enero de 1999 el cuadro Santa Rufina, de Velázquez, fue adquirido en Christie’s Nueva York por un coleccionista anónimo londinense que pagó ocho millones de dólares -con las comisiones e impuestos Sotheby's Velázquez Santa Rufinafueron 8,9 millones de dólares, algo más de siete millones de euros, unos mil doscientos millones de las antiguas pesetas-, por la obra atribuida a Velázquez, y cuya autoría fue bastante discutida. El Ministerio de Cultura, que no el Museo del Prado, llegó a pujar hasta los seis millones de dólares.

Tras ocho años en la colección privada londinense, una limpieza general y una exposición en el romano Palacio Rúspoli en 2001, el cuadro vuelve ahora al mercado del arte internacional pero con otra cara pues, con la limpieza, han aparecido los tonos y matices primigenios y se pueden apreciar los pentimenti -arrepentimientos o correcciones-. Esta vez será la casa de subastas Sotheby’s de Londres la encargada de venderlo al mejor postor en un precio que estiman entre seis y ocho millones de libras . Será el 4 de julio, tras exponerlo antes en distintas ciudades -sin concretar todavía fechas- como Madrid, Barcelona, Nueva York, y quizá Sevilla -cuidad natal de Velázquez, interesada en comprar obras del maestro, aunque sea por suscripción popular-.

Sobre la autoría de la obra que vuelve al mercado, la Santa Rufina, se desató, en 1999, una agria polémica que terminó enfrentando las posturas de los dos grandes especialistas. La catalogación de la obra para la subasta fue realizada por el gran conocedor de la pintura barroca española, especialmente en materia de bodegones, Peter Cherry, que recuperaba, aportando documentación Murillo Santa Rufinaantigua, la autoría velazqueña pues había sido vendido mucho antes como un murillo.

Alfonso Pérez Sánchez, catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid y reputado experto velazqueño, matizó algunos datos -como que debió ser pintada en 1628, antes de su viaje a Italia, y no hacia 1632-34- y aseguró la autoría del sevillano basándose en la identificación del primer propietario conocido, el VI Marqués de Carpio . “Para mí es de Velázquez. Es un cuadro que se sitúa perfectamente en la carrera del pintor, tiene un emplazamiento fácil de fijar en relación con las pinturas que realiza antes de su viaje a Italia. Además hay una serie de documentos que lo sitúan con bastante precisión. A finales del siglo XVIII el cuadro cambia de manos; en esa época a Velázquez no se le estimaba como pintor religioso. Como el personaje tiene cierta delicadeza y ternura, durante algún tiempo el cuadro fue atribuido a Murillo, con cuyo nombre el cuadro circula durante todo el siglo XIX. A principios de nuestro siglo un historiador alemán, Mayer, afirma que no tiene nada que ver con Murillo y al darse cuenta de que se trata de algo velazqueño se lo atribuye a Juan Bautista Martínez del Mazo, cuando, en realidad, es de Velázquez”, dice Pérez Sánchez.

Jonathan Brown, catedrático de Historia del Arte en el Institute of Fine Arts en la Universidad de Nueva York -desautorizado por Pérez Sánchez-, opina que es una buena obra, pero también que no se debe atribuir al maestro sevillano pues su procedencia de la colección del Marqués no está clara ni demostrada. Además, según Brown, “con este cuadro, e incluso con otros, no existe acuerdo. Tenemos que admitir que todavía no podemos identificar las pinturas de Velázquez con toda seguridad pues hay muchas copias de su taller que tienen una calidad excepcional”. Los problemas para las atribuciones del pintor sevillano se producen, según Brown, porque apenas se ha estudiado a sus discípulos, pintores como Juan Bautista del Mazo o Domingo Guerra.

Cuando la actual Ministra de Cultura, Carmen Calvo, era Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, manifestó sus “dudas” de que “realmente” el Ministerio de Educación y Cultura hubiese “puesto toda la carne en el asador” para adquirir Santa Rufina. Lo primero que “hay que dejar claro”, dijo, es que el Ministerio “no ha hecho más que desconcertar” cuando ponía en duda la autoría del cuadro porque “el precio en el que se ha vendido ha constatado que se trataba de un Velázquez, ya que sólo un cuadro del pintor sevillano se puede poner en esa cifra”. ¿Intentará comprarlo esta vez? Lo veremos el 4 de julio.

 

Pocos Velázquez en el mercado Velázquez El barbero del Papa

La venta de la Santa Rufina es toda una noticia para el arte. Y es que en los últimos treinta años apenas han salido obras del sevillano al mercado. En 1972 el Retrato de Juan Pareja (1650) alcanzó el precio de 5,5 millones de dólares que, pagados por el Metropolitan Museum de Nueva York, lo convirtió en el cuadro más caro de la historia. Décadas más tarde, en noviembre del 2003, el llamado Barbero del Papa fue adquirido para el Museo del Prado por 23 millones de euros. Pero no todos los velázquez corrieron igual suerte. Es el caso de la Cabeza de Apóstol Velázquez Cabeza de apóstol(1618-1623) que, a pesar de salir a pujas en 2.400.000 euros por Alcalá Subastas en diciembre de 2003, no encontró comprador. Lo mismo le sucedió a Las lágrimas de San Pedro (1617-1619) que, en la misma sala pero en febrero de 2004, vio cómo nadie pujaba los ocho millones de euros exigidos. Hoy, sin embargo, la Cabeza está en manos del Estado, y depositado en el Museo de Sevilla, y Las lágrimas, es propiedad de Juan Miguel Villar Mir, que lo adquirió por ocho millones de euros.