Bonhams Londres lo ofrece a pujas el día 22 de junio con una estimación entre setecientas mil y un millón de libras.

Puede parecer sorprendente que Pablo Picasso (1881-1973), durante su segunda estancia en París, allá por 1901, cuando compartía con su amigo el periodista y poeta Max Jacob un piso mínimo en Montmartre, y cuando se tenían que turnar para usar la cama y debían echar al fuego las obras de Picasso para calentarse cuando el frío era ya insoportable, pintara sobre papel un retrato del sastre catalán Minguell
(óleo sobre papel pegado a lienzo, 52 x 31,5 cm), al que muy probablemente debió conocer gracias a su amigo y marchante Pedro Manach en París ese mismo año.
Cansado del bullicio parisino, Picasso huye en el verano de 1901 a su Barcelona añorada y allí debió pintar el cuadro pues en ese mismo verano Ambroise Vollard organizó en su galería la Exposition de tableaux de F(rancisco) Iturrino et de P. R. Picasso y, según Josep Palau i Fabre, ésta debió ser la obra expuesta con el número 25, descrita simplemente como Retrato (Josep Palau i Fabre, Picasso Vivo, 1881-1907, Barcelona, 1980, nº 637, p. 251).
Poco tiempo más tarde, Picasso regaló la obra al sastre Minguell, quizá como pago de algunos trabajos, como años más tarde haría el artista tan frecuentemente; pero debió arrepentirse de ello pues el propio Picasso le compró el cuadro y lo mantuvo en su propiedad hasta su muerte. Es más, probablemente fuese restaurado por el malagueño poco antes de que en 1969 fuese fotografiado para el libro que Christian Zervos estaba realizando: Pablo Picasso, Supplement aux années 1892-1902, París, 1969, vol. 21, pl. 75, nº 191, de Editions Cahier d’art, París.
Expuesto en la National Gallery of Art, de Washington, en la exposición titulada Picasso: The early years 1892-1906, de marzo a julio de 1997 (catálogo a cargo de Marilyn McCully, nº 97), se acompaña de los certificados de autenticidad de Maya Picasso y de Claude Picasso, y está registrado con el número 12051 en los archivos de Pablo Picasso.
El precio de salida, con una estimación entre 700.000 y un millón de libras, quizá sorprenda por lo aparentemente barato al público menos experto. Pero este tipo de obras, realizadas por un Picasso de apenas veinte años, que muestran todavía su vertiente más académica y su deuda con Goya y con El Greco, no se cotizan especialmente bien en el mercado, sobre todo si es de retratos de lo que estamos hablando. En este sentido, la mayor parte de los coleccionistas prefieren pagar una cantidad algo mayor e intentar hacerse con una pieza algo más reconocible para el picasso de su colección. No obstante, siempre puede haber uno o dos coleccionistas a los que les falte precisamente una obra de ese periodo y hagan subir la cotización.
Germaine (O/cartón/T, 1900, 21,6 x 14,8 cm; Palau i Fabre, nº 641, apenas unos días que el retrato de Minguell), aquella por la que suspirara Carlos Casagemas y por la que se suicidó, se vendió por 1.350.000 dólares (más comisiones e impuestos; 1.009.125 euros) en mayo de 2009 en Christie’s Nueva York. En cambio, quizá por salir con una estimación excesiva de tres a cuatro millones de dólares, no se vendió en mayo de 2008 en la misma sala el Portrait de Lola, soeur de l’artiste (O/T, 1901, 35,2 x 22 cm). Una escena más típica del artista como Les amants dans la rue (O/L, 1900, 65 x 49,8 cm) llegó a los 2.200.000 dólares (más comisiones e impuestos; 1.518.880 euros) en octubre de 2007, también en Christie’s Nueva York.
Por otra parte, ese mismo día, salen a pujas otras dos obras muy interesantes. La primera es un magnífico lienzo de grandes dimensiones del gran artista judío Marc Chagall (1887-1985):
La Révolution (O/L, 63,5 x 115 cm), con una estimación entre 1,2 y 1,8 millones de libras. Como es conocido, tras muchos trabajos preparatorios (sólo del año 1937 se conocen siete versiones), pintó inicialmente una versión extendida de la Revolución rusa de 1917, un tríptico con la Resistencia, la Resurrección y la Liberación.
Como muestra de su interés por este asunto, pintó a lo largo de tres décadas la versión que sale ahora a pujas. De hecho, el Comité Chagall ha confirmado que esta monumental obra fue ejecutada en tres momentos distintos: en 1937, 1958 y, finalmente, 1968. Con los rayos ultravioletas, se puede ver una primera ejecución de la mayor parte de la obra realizada, según el Comité, alrededor de 1937; las figuras y la masa de personajes de la izquierda, debe fecharse en 1958, mientras que a la última fase, de 1968, corresponden la pendiente nevada y algunos detalles.
En su catálogo razonado, Franz Meyer comenta: “To interpret the picture, one must start from the contrast between the left and right halves. The political revolution, the actual uprising on the left is balanced on the right by the artistic-human revolution proclaimed by Chagall. Its manifestations are not guns and slogans, but music and love. The leaders appear between the two halves – on one side the transmitter of the religious law, sunk in secret thought; on the other the man of the return to justice. Thus Lenin’s handstand does not signify a criticism of Lenin, but symbolises his revolutionary impact in an entirely positive sense. Standing upright on one hand, this central figure is like the pointer of a scale marking the equivalence of the two sides – the political revolution and the artistic-human revolution – according to Chagall’s dream” (Franz Meyer, Life and Work, Harry N. Abrams, Inc. publisher, p. 414).
Por último, destaca también la colorista pieza del alemán Kees van Dongen (1877-1968):
Dolly au collier d’argent (O/L, 65 x 46,4 cm), pintada en 1909, dentro aún de su periodo fauve, y por la que se espera una venta entre las 300.000 y las 400.000 libras. A pesar del año, se observan unos rasgos algo más expresionistas en algunas partes del cuadro, quizá debido a su contacto desde el año anterior con el grupo de alemanes expresionistas Die Brücke. El artista se había cambiado de domicilio a la rue Saulnier, en París, y gozaba de una cierta tranquilidad y prosperidad si se compara con los años anteriores, instalado en el Bateau Lavoir; quizá ese se refleje también en la alegría del color al pintar a su hija.
Publicado por Daniel Díaz el día 3 de junio de 2010.