La obra se exhibirá el 30 de septiembre, en la muestra de arte del siglo XIX que abrirá la ampliación del museo
Hace apenas unos días se cerraba la operación de la compra de la Venus Anadiomene portada en una concha por cuatro náyades de Antonio María Esquivel por el Ministerio de Cultura a la galería madrileña Coll&Cortés.
El importe, según fuentes consultadas, rondaría los 180.000 euros. La obra, un exquisito desnudo femenino de 184 x 110 cm, fechada en 1842, es la obra maestra de la producción mitológica de Esquivel. Será una de las grandes novedades de la exposición que se abrirá el próximo día 30 de septiembre como inauguración de las nuevas salas del Museo del Prado.
El cuadro adquirido por el Estado, firmado y fechado por el pintor en la concha que Venus pisa, representa a la diosa en el momento en que cuatro náyades la ayudan a salir del mar. La figura de la diosa está inspirada en la escultura de la Venus de los Uffizzi, que el propio Antonio María Esquivel ya representó en uno de sus cuadros más famosos: Los poetas contemporáneos.
Ya casi nadie se acuerda de que allá por el año 1996 se falló el concurso público de la ampliación del museo -el premio fue para Matos-Martínez Castillo-, y sin muchas explicaciones acabó adjudicándose a Rafael Moneo. Tras revisiones y retoques de los sucesivos proyectos presentados por el estudio de Moneo primero, y de las obras de realización -más de diez años-, por fin se concluyeron los trabajos. El resultado, tras tantas variaciones, es un edificio correcto y funcional y, desde luego, sin la personalidad del de Villanueva, que debe ser lo que se buscaba.
Para inaugurar las salas de exposiciones del nuevo edificio, el día 30 de septiembre comienza una exposición de la mejor pintura española del siglo XIX. Es una deuda que lleva más de diez años pendiente, los que lleva cerrado el Casón del Buen Retiro. Allí es donde, antiguamente, se exponían los románticos retratos, las académicas mitologías, los grandes cuadros de historia y los inicios de la modernidad hasta Picasso, que se exponía ya junto al Guernica en el Reina Sofía.
El anuncio de la exposición fue el pasado lunes, con El testamento de Isabel la Católica de Eduardo Rosales como testigo. Al “simbólico acto”, en palabras del ministro de
Cultura, César Antonio Molina, acudieron también el nuevo presidente del patronato del Prado, Plácido Arango, el director de la pinacoteca, Miguel Zugaza, y el presidente del BBVA, Francisco González, que poco antes había firmado un convenio para ampliar por otros cuatro años la colaboración con el museo.
El siglo XIX en el Prado, que así se titula la exposición, exhibirá hasta el 4 de mayo de 2008 un conjunto de 95 pinturas y doce esculturas, en un recorrido histórico desde Goya hasta Sorolla. Comenzará con la presentación en sociedad del Toro con alas, uno de los dibujos del artista aragonés, comprado el pasado año en Christie’s Londres por 1,46 millones de libras esterlinas (unos 2,16 millones de euros). Otra de las sorpresas de la muestra será la Venus de Esquivel, recientemente adquirida.
Y podremos, por fin, volver a disfrutar de los académicos José de Madrazo, Juan Antonio de Ribera y José Aparicio; de los románticos Federico de Madrazo, Carlos Luis de Ribera, Esquivel, Villamil, Espalter o de la delicada Eurídice, de Sabino de Medina; del Testamento de Rosales, de Juana la Loca de Pradilla, de Los amantes de Teruel de Muñoz Degraín, o de Los últimos momentos de Jaime I de Pinazo. Y así, hasta la renovación de finales del siglo XIX con Zuloaga y Sorolla como principales motores.
De esta forma, se hace justicia con un siglo que ha estado devaluado y, hasta hace poco, menospreciado por la crítica. Zugaza destacó que, tras los múltiples avatares que han impedido a toda una generación disfrutar de estas obras maestras, “estarán de nuevo accesibles” en las nuevas salas del Museo del Prado.