Claro contraste entre nuestras escasas fuerzas y tímidas inversiones y los mercados más allá de nuestras fronteras.

El pasado día 29 de marzo, Christie’s Londres en su esperada licitación de grabados modernos y contemporáneos, en su sede de King Street facturó un total de 3.783.000 libras. La pieza estrella de la subasta era un
(B. 1072; Ba. 1318 VBa, 2/50 más unas veinte pruebas de artista, publicado por Galerie L. Leiris, en París, en 1963, con los márgenes completos y un color excepcionalmente fresco (63 x 53 cm; 75,1 x 61,8 cm). La estimación se fijó entre 300.000 y 350.000 libras; al final, se adjudicó nada menos que por 361.250 libras.
De Henri Matisse se ofrecían las veinte piezas a color para el libro
Jazz (209/250 + 20HC +100 en portfolio), en un magnífico estado, procedentes de la colección de Sonia Delaunay: finalmente se vendieron por 313.250 libras (más del doble de la estimación más baja). Por último, la serie completa de las diez serigrafías a color de Mao, realizadas por Andy Warhol en 1972, 39/250 (+50AP), se vendieron por 481.250 libras, precio relativamente bajo si las comparamos con otras ediciones vendías años atrás.
Del mismo autor, Sotheby’s Londres, al día siguiente vendió por 283.250 libras, lejos de las 100.000 libras de la salida, una alegre y colorista serigrafía firmada en 1984 versionando
El grito, de Edvard Munch, realizada en una única combinación de colores.
Sin embargo, la pieza estrella fue
Mujer de Tahití sentada de espaldas, de Paul Gauguin, de hacia 1901-1902. Monotipo en sanguina y tinta negra, pieza única por tanto aunque también contaba con un dibujo a lápiz negro y rojo en el reverso, impresa en Las Marquesas, de la estimación entre 180.000 y 220.000 libras, llegó a la escalofriante cifra de 577.250 libras. En esta misma línea, una pareja de grabados sobre madera extremadamente raros de Alberto Durero que representaban los
Mapas del norte y del sur del cielo (primero de los dos estados, y segundo de los cuatro que hizo, respectivamente) alcanzaron las 361.250 libras. Y es que ese día, Sotheby’s Londres, en su sede de New Bond Street, facturó nada menos que seis millones de libras en la licitación de los 208 lotes. Desde luego, las cifras son de otro orden de magnitud.
En nuestro país, la situación pasa por momentos delicados. Los precios que hasta hace poco parecían buenos comparados con los de hace tres, cuatro o incluso cinco años hoy nos parecen insuficientes pues pensamos que seguirán bajando en una caída sin freno aparente. Y el problema se agudiza pues los demandantes ya sólo buscan comprar gangas y los que ofertan las obras no se han bajado todavía de la quimera de precios que se hicieron cuando compraron sus obras. Son como dos líneas paralelas, cada una clamando por sus fueros perdidos, y sin posibilidades de encuentro, salvo contadas excepciones. Y éste es parte del drama del mercado español, típico de nuestra mentalidad, queriendo siempre ganar hasta el último euro o enrocados en nuestras ideas, sin saber encajar una pérdida del valor de nuestro producto.
En Goya (28 de marzo), el magnífico dibujo de Claudio Bravo, firmado en 1965,
Retrato de mujer (lápiz y pastel, 93 x 68 cm) que salía con una baja estimación entre 15.000 y 18.000 euros, se adjudicó por la salida, 15.000 euros, sin nadie que pujase contra el comprador final. Sin duda es muy buena compra y, desde aquí, vaya nuestra enhorabuena al comprador. Sin embargo, su gouache sobre papel, de Eusebio Sempere, Composición (1974, 50 x 50 cm), que partía con una atractiva estimación de 3.000 a 4.000 euros, no encontró comprador.
Appolo, en su cita del 31 de marzo, obtuvo dos interesantes ventas. Un buen dibujo de Jaume Plensa,
7.20 horas (Tm/papel, 38 x 27 cm), fechado en 1997 y que partía desde unos bajos 3.500 euros subió hasta unos económicos 4.500 euros. Y, como inversión de futuro, la pieza de Daniel Verbis (que expone actualmente en la madrileña galería de Max Estrella),
Laer Gare (A/L, 195 x 130 cm) subió de los 3.000 hasta los 3.500 euros. Sin embargo, para el colorista Atagualpa (O/L, 87 x 64 cm) de Oswaldo Guayasamín que se ofrecía por apenas 20.000 euros, no hubo interesados. Luces y sombras.
Dos detalles más. El primero de abril, Piasa, París, vendió dos atractivos pasteles,
Retratos femeninos típicos de su mano, de Ramón Casas, de 32 x 25,5 cm; el primero, que se estimaba entre 7.000 y 8.000 euros, alcanzó los 8.926 euros; y el segundo, de 6.000 a 7.000 euros, subió hasta los 11.476 euros. Sin embargo, en Cornette de Saint Cyr, París, no hubo interesados en la pieza de Manolo Millares; se trataba de una obra de ciertas dimensiones ya, 81 x 100 cm, pero quizá algo tardía:
Torso para ejercicio de tiro, 1970 (Tm/L, firmada, fechada y titulada), partía con una estimación entre 150.000 y 200.000 euros. Y aunque procedía de la galería Juana Mordó, de Madrid, y de la galería Theo, de Madrid, nadie se interesó. ¿Porque la obra es excesivamente tardía y sin su fuerza habitual? ¿Quizá porque era cara? ¿Porque no hay muchos españoles dispuestos a emplear en estos momentos ese dinero en esa pieza? ¿O porque Millares tampoco tiene muchos coleccionista extranjeros y ha sido un producto español?
Muchas preguntas quedan sin respuesta. La semana que viene, con las licitaciones en Ansorena, Subarna y Arte. Información y Gestiones veremos cómo respira el mercado antes de las esperadas vacaciones de Semana Santa, tras un largo trimestre.
Publicado por Daniel Díaz el 11 de abril de 2011.